La Armada Invencible ( I )

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Felipe II concibió la armada en sus residencias habituales del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, al noroeste de Madrid. La idea cobró cuerpo a través de numerosos escritos a sus secretarios o misivas en su nombre. Varios supuestos de orden católico, unos derechos hereditarios poco sólidos del monarca Felipe II sobre Inglaterra y el plan concebido por el marqués de Santa Cruz en el que se pretende crear una gigantesca armada llevaron al monarca en el año 1584 a empezar a reunir un gran número de barcos para lograr este fin.

LA ARMADA

Tres años después la impaciencia se aceleró. Numerosas cartas procedentes de El Escorial partían con la intención de conseguir buques de guerra y un armamento acorde a tan magna gesta, Nápoles, Cartagena, Málaga, Génova, Vizcaya e incluso el Adriático, contribuyeron a ello.

LA MARCHA SOBRE INGLATERRA
Siete años después de la conquista de Portugal Felipe II ordenó la conformación de una vasta flota naval en el puerto de Lisboa. Navíos españoles y portugueses, mejor equipados, estaban preparados para zarpar. Aunque se creía que la consigna general era marchar hacia las Indias, la realidad es que la empresa se había convertido en un secreto a voces entre los miembros que formaban la tripulación, la conquista de Inglaterra, al mando del duque de Medina Sidonia, D.Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, que contaba en ese momento con 37 años de edad.

LA FELICISIMA ARMADA
En medio de grandes fastos se celebró la bendición de la armada oficiada por el arzobispo de Portugal en el mes de abril de 1588. Terminada la ceremonia se realizó una procesión oficial majestuosa. El conde de Medina Sidonia sostenía en la mano una orla del estandarte real en la que resaltaba el Escudo real de España. A un lado se podía contemplar la imagen de la Virgen, al otro Cristo crucificado y debajo una inscripción EXURGE DOMINE ET VINDICA CAUSAM TUAM -Alzate, ¡Oh! Señor y defiende tu causa-. Los españoles la llamarían desde entonces la Felicisima Armada. Meses después del fatal desenlace los ingleses y protestantes comentaron irónicamente que “con tantas oraciones, a los españoles se les había ido al cielo su Armada”.

LA FLOTA
Más de 30.000 personas componían la expedición. La necesidad de mantener a este numeroso grupo de personas causaba estragos en la vida cotidiana portuguesa, los mercados no daban abasto y los precios no paraban de aumentar. Era necesario emprender la marcha con celeridad. Un día de mayo de 1588 se dieron las condiciones propicias y así lo hicieron. Sesenta y cinco buques de guerra, veinticinco cargueros procedentes del Báltico, treinta y dos barcos más ligeros, cuatro galeazas napolitanas y un centenar de embarcaciones menores, se aprestaron a partir. Sólo un total aproximado de veintinco barcos que zarparon se podían considerar auténticos buques de guerra pero se inflaron las cifras con la intención de causar una fuerte impresión entre los ingleses.

EL FRACASO DEL PRIMER INTENTO
La flota naval se encontraba cargada de moral y en actitud favorable para iniciar la batalla, en parte debido a los continuos sermones preparatorios a los que fueron sometidos antes de partir: El botín si conseguían vencer y el cielo si fracasaban”.

Sin embargo, la flota tuvo que suspender su marcha cuando sólo habían transcurrido siete millas de trayecto. El motivo fue el fuerte viento que se había levantado y que hacía imposible la navegación de la flota más numerosa de la historia naval, creada hasta el momento. No sólo no habían avanzado nada sino que se encontraban todavía más lejos de Lisboa que cuando se ordenó la orden de partida. Felipe II ordenó al duque que solucionase los problemas de inmediato y diera la orden de salida en las condiciones que fuesen.

LOS INGLESES SE ADELANTAN
Drake consiguió un permiso de la Reina Isabel de Inglaterra por el cual tenía carta blanca para realizar una incursión en tierras españolas con la intención de desbaratar los preparativos de la armada. El 29 de abril cayó por sorpresa atacando la Bahía de Cádiz. En la emboscada fueron arrasados un buen número de navíos españoles. Drake se dirigió hacia las Azores donde capturó el buque San Felipe, un gran barco portugués, que contenía un gran número de provisiones muy valiosas para la armada. A su regreso a Inglaterra la reina Isabel le instó a finalizar las hostilidades creyendo que podría conseguirse la paz.

LOS ARDUOS PREPARATIVOS
El hacinamiento, la sobrecarga de municiones, personas y alimentos, las enfermedades intestinales y las infecciones -la comida se pudría- mermaron día a día la moral de la tripulación. El pésimo estado de salud que llegaron a alcanzar un gran número de soldados y marineros hacía presagiar un difícil enfrentamiento armado al llegar a Inglaterra, máxime si se tiene en cuenta la velocidad media alcanzada por la Armada en todo el trayecto, cuatro nudos. Tres semanas después de salir del puerto de Lisboa todavía se encontraban en La Coruña.

Vientos contrarios, víveres incomestibles y falta de agua potable comenzaban a crear quebraderos de cabeza al duque de Medina Sidonia. Un tercio de la Armada se encontraba indispuesta, enferma o muerta. El Rey desatendió las súplicas de sus jefes militares y ordenó una nueva salida para el 10 de Julio (en nombre de Dios y de su majestad).

Los preparativos de la Armada terminaron el 20 de Julio y zarparon el día 21 sin conocer que la flota comandada por Drake, Howard, Frobisher y Fenner se encontraban tan sólo a varios días de camino de la Coruña, donde pretendían llegar para sorprender a toda la Armada, desorganizada e indefensa en su puerto. Sin embargo, el mal tiempo les obligó a retroceder hacia Plymouth, con lo que el peligro de una emboscada desapareció.

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