Viajes en el tiempo ( III )

lunes, 21 de septiembre de 2009

Para los no familiarizados con la Teoría de la Relatividad, esto puede parecer absurdo, y no hay culpa, ya que va contra toda intuición. Pero adentrándonos un poco más, veremos que ésta es la forma más consistente de entender la naturaleza del tiempo, en la Física. En artículos anteriores hemos visto que la Relatividad es determinista: pretende describir la totalidad de los sucesos pasados, presentes y futuros, con certeza absoluta. De ahí que también el futuro se considere como real: ya está escrito por las leyes de la Física –relativista–. Además hemos visto es una teoría reversible, o simétrica en el tiempo (si el tiempo fluyera en sentido contrario, las ecuaciones seguirían funcionando), por lo que el pasado y el futuro tienen en realidad la misma naturaleza.

Esto es a lo que refería Einstein en su famosa carta en memoria de su amigo Besso, que ya hemos citado en otra ocasión pero que no está demás reproducirla de nuevo:

Michele me ha precedido de poco para irse de este mundo extraño. Eso no tiene importancia. Para nosotros, físicos convencidos, la diferencia entre el pasado, presente, y futuro no es más que una ilusión, aunque tenaz.

Es decir, el espaciotiempo está constituido por cuatro dimensiones exactamente iguales (de la misma naturaleza), una de las cuales, a causa de una “ilusión tenaz”, el hombre ha decidido diferenciarla con el nombre de tiempo. Pero según la Relatividad, no hay nada que distinga el tiempo del espacio; el tiempo simplemente no ‘fluye’, como no fluyen las demás dimensiones de espacio. Quizá ese ‘fluir’ sea estudio de la Psicología, no de la Física, según el Eternalismo. Esto no quiere decir de ninguna manera que el tiempo como tal “no exista”; sabemos que es una dimensión más y que el pasado y futuro forman parte del espaciotiempo, pero el ‘flujo’, que lo distingue del espacio, aún no lo comprendemos. Lo que hay que rescatar de todo esto, es que son coherentes –como más abajo veremos– los saltos instantáneos al futuro y al pasado, en el sentido de que en estos ‘viajes’ al menos habría un lugar a donde llegar.

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Analogía ilustrativa de la concepción eternalista. La extensión en el tiempo de los cuerpos ya está completamente determinada por la Causalidad. El presente, no es más que una arbitrariedad.

Sin embargo, aceptar el Eternalismo significa aceptar el Determinismo, admitir que las Relaciones de Indeterminación de Heisenberg no implican azar o incertidumbre en la Naturaleza, y gritar junto con Einstein que “Dios no juega a los dados con el Universo”. Porque sólo así el futuro tendría realidad física; de otro modo habría que refugiarse en el Posibilismo, que dice que el Indeterminismo implica que el futuro no existe.

Recapitulemos:

  • Si el Presentismo es cierto, la única forma posible de viaje en el tiempo es el viaje al futuro mediante dilatación (esto es, la dilatación del tiempo que se adquiere al moverse a velocidades cercanas a la de la luz).
  • Si el Posibilismo es cierto, es coherente lo anterior y además podemos plantearnos la posibilidad del salto instantáneo al pasado.
  • Si el Eternalismo es cierto, es coherente todo lo antedicho y además el salto instantáneo al futuro.

Todo esto desde el punto de vista conceptual; ahora estamos en condiciones de preguntarnos: ¿la Física contempla la posibilidad de los saltos instantáneos en el tiempo? Hasta 1949 se creía que no. Pero en ese año, Kurt Gödel halló la primera solución a las ecuaciones de la Relatividad General, que demuestra que, bajo determinadas circunstancias y en determinados fenómenos gravitatorios, puede originarse un bucle en el tiempo (técnicamente una Curva cerrada de tipo tiempo) que permitiría a alguien trasladarse a un punto del pasado del espaciotiempo, como ya habíamos comentado en el artículo sobre Relatividad General. Desde entonces, físicos de todo el mundo han hallado cientos de soluciones que permiten la existencia de este extraño suceso.

Analogía de un espaciotiempo con una Curva temporal cerrada. Con estas características sería posible regresar a un punto del pasado.

Analogía de un espaciotiempo con una Curva temporal cerrada. Con estas características sería posible regresar a un punto del pasado.

Ahora, ¿en qué fenómenos gravitatorios puede existir una curva temporal cerrada? En la actualidad, el modelo más factible es lo que comúnmente se llama Agujero de Gusano (o Puente de Einstein-Rosen) que, como también vimos en aquel artículo, consiste en dos “bocas” que conectan dos puntos distantes del espaciotiempo, como un atajo. Por ejemplo, si alguien entrara allí, tal vez sólo recorriendo unos miles de kilómetros, acabase en otra galaxia lejana o en el año 5000 a.C. Es el día de hoy que no tenemos evidencia de la existencia de esto, ni sabemos si sería estable de modo tal que sirviera como máquina del tiempo, pero sí sabemos que encaja perfectamente en las ecuaciones de la Relatividad General. En otro artículo próximo examinaremos los fascinantes problemas que dificultan construir una máquina del tiempo de esta especie.

Sin embargo, antes de salir a la calle a gritar que la Física permite el viaje al pasado, tenemos que considerar otra forma de viaje al pasado que aparece en la literatura y que es totalmente imposible, según lo que hasta hoy sabemos.

Como vimos, la máquina de Wells que emplea el viaje al futuro mediante dilatación está avalada por la Relatividad Especial (salvo por el hecho de que no se desplaza a velocidades relativistas). Sin embargo, Wells se mete en problemas cuando, por el final de la novela, el “Viajero a través del tiempo” regresa con su máquina hacia el siglo XIX, describiéndolo así:

Debí permanecer largo tiempo insensible sobre la máquina. La sucesión intermitente de los días y las noches se reanudó, el sol salió dorado de nuevo, el cielo volvió a ser azul. […] Las agujas giraron hacia atrás sobre los cuadrantes. […] Empecé a reconocer nuestra mezquina y familiar arquitectura, la aguja de los millares volvió rápidamente a su punto de partida, la noche y el día alternaban cada vez más despacio. Luego los viejos muros del laboratorio me rodearon. Muy suavemente, ahora, fui parando el mecanismo. Observé una cosa insignificante que me pareció rara. Creo haberles dicho a ustedes que, cuando partí, antes de que mi velocidad llegase a ser muy grande, la señora Watchets, mi ama de llaves, había cruzado la habitación, moviéndose, eso me pareció a mí, como un cohete. A mi regreso pasé de nuevo en el minuto en que ella cruzaba el laboratorio. Pero ahora cada movimiento suyo pareció ser exactamente la inversa de los que había ella hecho antes. La puerta del extremo inferior se abrió, y ella se deslizó tranquilamente en el laboratorio, de espaldas, y desapareció detrás de la puerta por donde había entrado antes. […] Entonces detuve la máquina, y vi otra vez a mi alrededor el viejo laboratorio familiar, mis instrumentos mis aparatos exactamente tales como los dejé.

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