La Isla de Pascua es una isla de Chile ubicada en la Polinesia, en medio del Océano Pacífico. Tiene una superficie de 163,6 km² (lo que la convierte en la mayor de las islas del Chile insular) y una población de 3.791 habitantes, concentrados principalmente en Hanga Roa, capital y único poblado existente.
El nombre tradicional que recibe esta isla corresponde al de Rapa Nui, que significaría isla grande en el idioma de los antiguos habitantes de Tahiti. A pesar de ser de origen extranjero, el nombre de Rapa Nui es considerado comúnmente como la denominación dada por los nativos de la isla.
En el idioma autóctono, la isla es conocida como Te pito o te henua, que significa "El ombligo del mundo" y Mata ki te rangi, que equivale a "Ojos que miran al cielo". La denominación de Rapa Nui se hizo posteriormente extensiva para denominar al pueblo aborigen y a su idioma, pero como una única palabra, "rapanui".
El nombre de Isla de Pascua le fue dado por el navegante neerlandés Jacob Roggeween que la descubrió el 5 de abril de 1722, debido a que esa fecha correspondía al día de Pascua de Resurrección. Recibió el nombre de Paasers en neerlandés, que luego fue traducida al español como Pascua. Con este nombre, y sus traducciones, es conocida la isla internacionalmente. Los habitantes de la isla, independientemente de su origen étnico, utilizan el gentilicio "pascuense".
La isla también recibió el nombre de isla de San Carlos por el navegante español Felipe González Ahedo, que la denominó así en honor al rey.
Formación y origen
La Isla de Pascua se formó por erupciones volcánicas., bastante comunes en el Pacífico, y está rodeada por un abismo de 1.145 brazas de profundidad que se extiende por ló kilómetros. Ninguna tierra pudo desaparecer y dejar tal depresión. La isla es llana, y con muy poco suelo cultivable. No está en condiciones de albergar a una población de cierta densidad. Su circunferencia es de 56 kilómetros y comprende 19.200 hectárea. Sin embargo, esta pequeña isla rocosa, nada favorecida por el clima, desarrolló una cultura singular. Sus habitantes dedicaron cientos de años a formar las estatuas con roca volcánica, que transportaron y erigieron en los ahus, las plataformas sepulcrales pétreas que siguen la línea de la costa.
Jacob Roggeveen, su descubridor, inspeccionó los antiguos monumentos y se maravilló de que hubiesen sido erigidos por salvajes desnudos. Notó que muchos de los isleños tenían tez blanca. La visita del capitán James Cook, cincuenta años más tarde, le dio a la isla la celebridad de la que nunca dejó de gozar. Cook observó muchas pieles blancas e inspeccionó las estatuas caídas sobre los ahus. Algo notable había ocurrido en esos cincuenta años. En 1722 las estatuas estaban en pie, en 1774 aparecían derribadas. Los empobrecidos isleños, que sumaban unos 4.000 en la época de Cook, fueron reducidos a 111 en 1862 por la irrupción de los traficantes de esclavos, que se llevaron a Perú a todos los hombres físicamente capaces. Sólo quedaron unos pocos para transmitir las antiguas tradiciones y el conocimiento del testimonio pictórico de la isla.
Hay varias versiones del folklore de los isleños, se ha interpretado que esos recuerdos raciales demuestran tanto el argumento de que los constructores de estatuas derivaron del Perú como que eran polinesios que llegaron del oeste, probablemente de las islas del grupo tahitiano, la evidencia es confusa y contradictoria, en parte debido a las dificultades de idioma entre los registradores y los isleños. Se cree que las famosas estatuas representan hombres de tipo caucásico, tal vez una conclusión peligrosa de extraer de imágenes pétreas. Se le da cierta importancia al predominio, entre los isleños, de ojos azules, cabello rojo y piel blanca, en algunos casos esas características europeas pueden haberse originado en la tripulación de los buques mercantes y balleneros que visitaron la isla en el siglo XIX.
El grueso de la población, presenta las habituales características polinesias, con el perceptible incremento en la longitud del cráneo, común a la periferia de la expansión polinesia. Está particularmente marcado en la Isla de Pascua, que se encuentra en el extremo de la cadena. Se cree que este rasgo refleja el estrato étnico que, en las islas de los Mares del Sur, fue reemplazado por invasores más oscuros y de cráneo más pequeño. Los habitantes de la Isla de Pascua hablan un puro dialecto polinesio, libre de influencias de otras familias de lenguas, indicación esta 3e su temprano éxodo de su tierra natal. Estos factores sugieren que los migrantes llegaron a las islas y quedaron aislados antes del fin de la vasta dispersión polinesia que culminó en el siglo XIII de nuestra era.
El folklore de los isleños contiene tradiciones de dos migraciones procedentes de Polinesia, la primera de las cuales fue conducida por el jefe Hotu-Matua. Este llegó a la isla con 300 hombres después de un viaje de 120 días, en el que lo había precedido inmediatamente su hermano con siete hombres. La segunda migración parece haberse producido algunas generaciones más tarde. Los isleños, que afirman conservar las antiguas historias, hablan de dos oleadas de navegantes, una de las cuales llegó sin mujeres, los Nanau-Momoko, que significa hombres arruinados o debilitados, y los Hanau-Eepe, los hombres de orejas grandes u hombres fuertes. Es difícil determinar si ambas oleadas de migrantes eran polinesias, o si los Hanau-Eepe eran de otra raza más antigua, desconocida. Las tradiciones se refieren a "los otros", que son descritos como "hombres muy grandes, pero no gigantes, que vivían en la isla mucho antes de la llegada de Hotu-Matua".
El término "Eepe" puede ser poco aclaratorio, Francis Maziére, a quien nos referiremos luego, cree que no significaba "de orejas largas" sino hombres fuertes. Un grupo de los habitantes de la Isla de Pascua era conocido como los Orejas Cortas, lo que sugiere que otro grupo se distinguía por tener orejas alargadas. El alargamiento de las orejas se practicaba en toda Polinesia y en Perú, donde los gobernantes incas adoptaron la costumbre como marca de distinción de clase.
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