Ahora las cosas se tornan un tanto complicadas. ¿Qué se entiende aquí por “viajar al pasado”? A simple vista se podría pensar que la máquina cumple la función de hacer que la evolución en el tiempo del viajero se dé en sentido opuesto al del resto de los objetos fuera de la máquina. Como vimos en otro artículo, la flecha del tiempo está dada por el aumento de la entropía (dicho mal y rápido, las cosas tienden a desordenarse con el tiempo). Se podría llegar a suponer que lo que está haciendo la máquina es, de algún modo, invertir la flecha del tiempo dentro de la máquina: lograr que la entropía disminuya con el tiempo. Pero el resultado de esto no sería regresar al pasado, sino que el viajero rejuvenezca, mientras el tiempo sigue fluyendo indiferente fuera de la máquina. Desde luego, según la Física actual esto es imposible. Sin embargo, lo que Wells nos está pidiendo que aceptemos, es que la función de la máquina es invertir el curso del tiempo de todo el Universo, excepto dentro de la máquina; y esto claramente pertenece a la fantasía. Para abreviar, vamos a llamar a este imposible como retroceso gradual al pasado.
De modo que la única forma en principio lógica del viaje al pasado, es la emplea un agujero de gusano. Pero existe una objeción muy popular entre aficionados a la ciencia-ficción, hacia los saltos instantáneos en el tiempo del modo en que aparecen en la literatura y el cine. Esta objeción dice así: si viajáramos en el tiempo, no podríamos “materializarnos” [nótese la expresión usada] en el mismo lugar del que partimos, pues la Tierra estaría ya en otro lugar del espacio, teniendo en cuenta que orbita velozmente en torno al Sol, y el Sol en torno al centro de la galaxia, etc. Pero en la literatura y el cine se muestra que el viajero aparece en el mismo punto del planeta que partió.
Sencillo. Este problema nace porque algunos escritores imaginan el viaje en el tiempo como una suerte de “desmaterialización” del viajero, y “rematerialización” en otra época. Desde luego, la Física no contempla esta posibilidad. Lo que sí contempla, son los agujeros de gusano, cuyas “bocas” ya estarían definidas en espacio y tiempo antes de que nada viajase a través del agujero. De modo que no existiría, en realidad, ningún problema como el dicho arriba.
Hemos visto cómo la expresión “viaje en el tiempo” tiene múltiples significados: unos los hemos comprobado (viaje al futuro mediante dilatación), otros están avalados por la Física Teórica pero aún no tenemos evidencia (salto instantáneo al pasado), y otros son insostenibles según la ciencia actual (retroceso gradual al pasado y “desmaterialización”). Por eso, cuando leas que alguien habla de la posibilidad o imposibilidad de los viajes en el tiempo en general, sin especificar a qué se refiere, ten mucha cautela; es mejor no sacar conclusiones apresuradas.
Análisis de las Paradojas del Viaje en el Tiempo.
Generalmente leemos que, de viajar al pasado, se entraría en conflicto con el Principio de Causalidad, que dice que las causas deben preceder a los efectos, y no al revés. Pero ¿qué es exactamente la causalidad? Este principio, aunque es una de las cosas más básicas y fundamentales que sabemos sobre el universo, no se deriva de las leyes de la Física. ¿Cómo puede ser esto? En las ecuaciones de la Física no hay nada que nos explique la naturaleza de la causalidad; si bien todo efecto debe tener una causa ¿por qué ésta tiene que existir antes y no luego que aquél?, ¿qué es exactamente el lazo que une a una causa con su efecto? Cuando se trata de cuestiones como el tiempo o la causalidad, la Ciencia no nos dice cosas claras.
Existen diversas clases de paradojas causales del viaje en el tiempo. Dependiendo qué aspecto de la causalidad violan, se clasifican principalmente en dos grupos:
Por un lado, en las que existe un efecto sin causa. Una causa A produce un efecto B, el cual regresa al pasado e impide que ocurra A. De modo que si la causa A nunca existió ¿de dónde rayos salió el efecto B? Las paradojas de esta especie reciben a veces el nombre de paradojas de incoherencia.
Por otro lado, en las que un efecto se convierte en su propia causa. Una causa A produce un efecto B, el cual regresa al pasado y produce A, formando lo que se llama un bucle causal, sin principio ni fin. A esto apunta la imagen de arriba. ¿Cuál mano comenzó a dibujar?
Del primer tipo, la más célebre es la archiconocida y poco analizada paradoja del abuelo, que se presume fue expresada por primera vez en 1943 por el escritor francés René Barjavel. Aunque es cierto que a menudo los escritores hacen historias inconsistentes y paradojas mal formuladas, otros literatos sobresalen con historias meticulosamente elaboradas, que son fruto de un exhaustivo análisis lógico. Desde luego que, como veremos, las más profundas fueron desarrolladas en realidad por físicos y lógicos, más que por escritores. Las paradojas de viaje en el tiempo constituyen uno de los mayores desafíos intelectuales para la razón humana. Será, por tanto, interesante y fructífero examinarlas.
Comencemos enunciando rápidamente la paradoja del abuelo, para llevarla luego hasta sus últimas consecuencias: Una persona toma una máquina del tiempo (un agujero de gusano, o lo que sea) y regresa a un punto del pasado en donde ni él ni sus padres han nacido todavía. Esta persona se encuentra con quien en el futuro será su abuelo; toma un arma y –digamos accidentalmente– lo mata. La situación que se plantea es la siguiente: si el abuelo murió de joven, nunca habrá nacido, pongamos, la madre del viajero, ni tampoco él. Si no hay viajero, no hay asesinato. O dicho de otro modo, el viajero mata a su abuelo si y sólo si no lo mata: ésta es la contradicción. Por supuesto, no hace falta que quien muera sea el abuelo; la paradoja sería más explícita si el viajero asesinase a su propia persona del pasado.
Analicemos primero la llamada solución de la auto-consistencia. Según esto, las leyes de la Física no permitirían ningún suceso que resultase paradójico; el viajero nunca lograría matar a su abuelo. ¡¿Cómo?! Pero, ¿qué lo detendría exactamente?, ¿acaso va contra las leyes de la Física el simple hecho de que un hombre tome un arma y dispare? Uno de los más destacados en analizar estas cuestiones, fue el filósofo David Lewis (1941-2001). En su escrito “Paradoxes of Time Travel”, nos dice:
Tim [el viajero] puede matar a Abuelo. Tiene lo que necesita. [...] ¿Qué puede pararle? ¡Las fuerzas de la lógica no detendrán su mano! Ningún poderoso guardián espera para defender del pasado de interferencias. (Imaginar, como hacen algunos autores, tal guardián es una aburrida evasiva, innecesaria para hacer consistente la historia de Tim.) En resumen, Tim es tan capaz de matar a Abuelo como cualquiera puede serlo de matar a cualquiera.

- David Lewis. La profundidad de su pensamiento es acorde a la de su barba.
Sin embargo –explica Lewis– en otro sentido no puede matar a su abuelo. Él indaga: ¿qué entendemos por posible? Decimos que podemos hacer algo, cuando ese algo es componible o introducible en un contexto determinado de hechos. Por ejemplo, Lewis puede nadar, únicamente cuando existen hechos que permiten que esto tenga sentido, como el hecho de que él se encuentre dentro de una piscina. Si bien la acción matar-abuelo es componible con los hechos del momento en que el viajero decide hacerlo (en otras palabras, las leyes de la Física lo permiten en ese momento), esta acción no es componible con una cantidad mayor de hechos: por ejemplo, el hecho de que al año siguiente el abuelo se casó, tuvo un hijo, compró una propiedad, etc., más precisamente todos los efectos futuros de los que el abuelo es causa. Por lo tanto, nos dice Lewis, sería lógicamente imposible que el viajero logre matar a su abuelo (así como tampoco a cualquier otra persona hoy viva).
Para entender con más claridad este confuso argumento, tenemos que recordar la interpretación eternalista, o de “universo bloque”, de la que hablamos antes. La Teoría de la Relatividad nos dice que el mundo es una combinación de espacio y tiempo –el espaciotiempo– y por consiguiente que todo lo que ocurrió y ocurrirá está fijo y determinado en él. Si el futuro es tan real como lo es el presente (pues esa división no existe en la Física), no hay forma de que podamos realizar actos que alteren los sucesos futuros. Es decir, no sería posible el libre albedrío; la libertad y voluntad humanas serían sólo apariencias; todas nuestras acciones y decisiones estarían determinadas de antemano por las leyes de la Física. De este modo, argumenta Lewis, lo que un hombre puede y no puede hacer, está determinado por el todo, no sólo por el presente, que no tiene nada de particular. Nuestras acciones no deben estar únicamente en concordancia con la Física a escala local, sino también global. El físico John L. Friedman, entre otros, llama a esto como principio de coherencia.
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