La Armada Invencible ( III y última )

miércoles, 30 de septiembre de 2009





LA TOMA DE CONTACTO: UN RESPETO EVIDENTE
Ingleses y españoles entablaron una pequeña toma de contacto con la intención de medir sus verdaderas fuerzas. Ambos se respetaban y este hecho propiciaba la cautela de las operaciones y condicionaba el modo de proceder de ambas armadas.

La Armada realizó una formación cerrada confiada más en el poder del abordaje que en el de su propia artillería al contrario qu e los ingleses.

Las dos flotas más poderosas del mundo se habían armado con el propósito de enfrentarse de forma diferente. Cuando todo estaba dispuesto ninguna de ellas podía llevar a la práctica sus planes de combate por su diferente concepción en la forma de llevar a cabo el ataque.

LAS PERDIDAS INICIALES O EL PRIMER ABANDONO
La Armada perdió la nave San Salvador por la explosión de varios barriles de pólvora. La tripulación huyó despavorida dejando a merced de los ingleses un inmenso botín. La nave insignia de Pedro de Valdés, Nuestra Señora del Rosario, chocó con una nave andaluza y se quedó sin el mástil, al intentar abordar dos embarcaciones inglesas. Otro buque inmenso de 1150 toneladas se quedaba inoperante, rezagado y a expensas del enemigo. Durante toda la noche no se realizaron las operaciones oportunas y el navío cayó sin oposición en manos de Drake.

EL COMBATE MÁS ARDUO
En la mañana del 31 de Julio de 1588 el viento comenzó a soplar de forma favorable a la armada española. Sin vacilar, comenzaron los primeros enfrentamientos entre ambos contendientes. Una lluvia de proyectiles, exagerada por el fragor de las crónicas, comenzó a inundar el cielo de Portland Bill que pronto cambió su tonalidad. Sin embargo, la realidad fue otra.

El desatino de las andanadas artilleras provocó un enorme gasto de munición que ocasionó nimios daños a una flota inglesa que permanecía más bien expectante a la actuación inexperta de los navíos españoles. El combate se pareció más a una lucha en tierra que a un combate naval. David Howarth, especialista del tema lo resume de una forma muy hábil “mucho ruido y pocas nueces”.

¿ABORDAJE O FUEGO ARTILLERO?
Fue realmente un combate decepcionante. Los españoles esperaban la ocasión propicia para el abordaje, operación para la que habían sido preparados, pero los ingleses, sabedores de sus intenciones, se limitaron a evitar el enfrentamiento cuerpo a cuerpo zafándose con extremada rapidez y con una habilidad tal que era prácticamente imposible perseguirlos con unos navíos españoles tremendamente pesados y muy difíciles de maniobrar.

Varios días después, los navíos españoles se dirigieron a Calais con la intención de recoger los refuerzos del Duque de Parma que supuestamente les esperaban. Los ingleses les seguían a corta distancia y dispuestos a lanzar su artillería en cualquier momento.


EL DUQUE DE PARMA

El prestigioso político y militar español había recibido las ordenes oportunas por parte de Felipe II de mantener las negociaciones de paz con la intención de distraer la atención de la reina Isabel de Inglaterra, mientras la Armada terminaba sus preparativos. Sin embargo, rotas las negociaciones de paz, el duque jamás creyó en las posibilidades reales de la Armada y mantenía una negativa constante a enviar sus embarcaciones menores alegando dificultades de navegación desde el puerto de Calais hasta las costas inglesas.

Esta colaboración resultaba imprescindible si se quería garantizar el éxito de la empresa. Las reticencias a intervenir por parte del duque de Parma se manifestaron continuamente porque siempre pensó que la idea de invadir Inglaterra era descabellada y desproporcionada.

Los retrasos fueron desastrosos para el desenlace final. Cuando al fin se decidió a reunir a un cuantioso número de embarcaciones de pequeño calado ya era demasiado tarde. Un día antes la armada había sufrido un estrepitoso descalabro del que no se recuperaría. El hecho ocurrió a tan solo doce millas de esta plaza.

EL DESASTRE: LA BATALLA DE GRAVELINAS
Los ingleses utilizaron pequeñas embarcaciones con todo tipo de productos inflamables que ardían rápidamente, llamadas brulotes, y las lanzó en plena oscuridad de la noche contra los barcos españoles. A pesar de que el Duque de Medina Sidonia era conocedor de estos planes e intentó paralizar el ataque colocando varias pinazas en la trayectoria de los brulotes; estos consiguieron avanzar hasta la línea de los barcos españoles causando verdaderos estragos entre los navíos españoles.

La Armada se vio obligada a retirarse en franca desorganización hacia las Gravelinas.

Los españoles cometieron el grave error de quedarse sin apenas munición al comienzo de la batalla. Los ingleses sabedores de este hecho no dieron cuartel a los buques españoles que fueron continuamente asediados por una funesta lluvia de proyectiles que hacían blanco sobre los cascos españoles causándoles tremendos e irreparables daños. Afortunadamente para los españoles la munición de los ingleses se agotó muy rápidamente a consecuencia de su perseverante ataque y asedio de la retaguardia española. Mientras tanto la armada se limitaba a huir en desbandada.

Los ingleses decidieron esperar hasta el amanecer para atacar. La mañana siguiente comprobaron que la Armada se encontraba lejos pues se había marchado en franca retirada. Ésta no contaba ya ni con un solo proyectil. La mayor parte de los buques hacían agua y en las cubiertas se amontonaban los escombros y los enfermos.

LAS CAUSAS DE UN DESASTRE ANUNCIADO
Felipe II creyó que podía organizar una gigantesca flota naval desde su retiro en El Escorial. Nunca manfestó su intención de visitar al ejército, ni a sus oficiales, ni a sus tres comandantes de rango superior.

Felipe II tampoco reunió a su Estado Mayor para realizar los preparativos de tan magna empresa. La desorganización, descoordinación y despreocupación del monarca motivó en gran parte el fracaso final. Si a ello unimos los escasos conocimientos del monarca sobre navegación, la desatención de consejos de los profesionales del ejército y de sus cortesanos, el desenlace se aventuraba poco propicio para los soldados españoles.

Algunos autores han llegado a señalar que el Marqués de Santa Cruz falleció a causa de un infarto propiciado por los continuos reproches y negativas del rey a sus especializados consejos sobre la flota naval.

Felipe II creía que los protestantes ingleses eran una minoría despreciable y poco sólida mientras que pensaba que los católicos eran la mayoría. Su esperanza en la ayuda divina le hizo pensar que los ingleses se rendirían inmediatamente con solo ver a la Armada española cerca de sus costas y que aún no siendo así contaría con la inestimable ayuda y colaboración de los fieles católicos que se levantarían en armas en su favor a su llegada. Pero, sin duda, el error más grave, trágico y evidente fue pensar que Inglaterra le otorgaría los honores propios de un rey.

Los barcos ingleses contaban con una mayor capacidad de maniobra y disponían de unos mandos mucho más especializados -eran verdaderos marinos conocedores de la técnica naval-. Los españoles no dejaban de ser sencilla y simplemente militares y, por que no decirlo, un tanto inexpertos.

A todas las desgracias y despropósitos se unieron otras fatalidades, como por "castigo divino". El viento cambiaba continuamente de dirección desorientando a los barcos españoles y dejándolos en numerosas ocasiones a merced de los ingleses.

Finalmente, la mayor puntería de los proyectiles ingleses que, en Gravelinas comenzaron a impactar de forma más contundente sobre los buques españoles, decantó la victoria final en favor de los ingleses. Mientras tanto los proyectiles de los españoles detonaban a mitad de camino o se desviaban o no detonaban, en la mayoría de las veces.

Esto se debe, según coinciden un gran número de estudiosos, a que los españoles contaban con una muy deficiente munición y una pésima artillería. Entre sus cañones se pudieron verificar mucho tiempo después, algunos que no disponían del alma o estaban fabricados con defecto. Estas y otras causas condujeron a la derrota y al desastre final de la Armada Invencible.

SIR FRANCES DRAKE
Nacido en el año 1540 y muerto en 1596. En el año 1577 realizó un viaje que dio la vuelta al mundo a bordo del Golden Hill. Su flota atracó los puertos españoles de la ruta y se apoderó de amplios tesoros que tenían su destino en España. La Reina Isabel le nombró Sir cuando llegó a Inglaterra con un botín de más de 326 000 libras.

En abril de 1588 realizó una incursión en la costa de Cádiz, arrasando cuanto encontró a su paso y consiguiendo un enorme botín. A su llegada a Inglaterra la reina Isabel le instó a finalizar las hostilidades que ya se habían tornado imparables. La Armada estaba a punto de partir hacia Inglaterra.

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