BIOGRAFIAS: Cristóbal Colón. ( 5ª Parte)

martes, 2 de septiembre de 2008

TEXTO ENVIADO POR J.J. BERMEJO, EXTRAIDO DE: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (www.cervantesvirtual.com)
En la mañana del 12 de octubre de 1492 Colón llevó a la praxis la travesía del Atlántico. El presuntamente genovés, Martín Alonso Pinzón, Vicente Yáñez y el escribano desembarcaron en San Salvador.

Tras esta primera toma de contacto con las tierras del Nuevo Mundo, la expedición se dedicó a explorar la zona. Y a partir del día 14 descubrió cuatro nuevas islas que Colón bautizó con nombres religiosos y políticos: Santa María de la Concepción (actualmente Cayo Rum), la Fernandina (Long), Isabela (Crooked) y Juana (Cuba). Según Morrison, Colón actuó con rectitud lógica y teológica a la hora de las designaciones. La primera isla recibió el nombre de Cristo; la segunda, el nombre de la madre de Dios en el misterio franciscano de la Inmaculada Concepción; y después fueron honrados el rey Fernando, la reina Isabel y el príncipe heredero Juan.
Colón llegó a Cuba, isla que en un primer momento identificó con la ansiada Cipango. Exploró la costa occidental y envió desde allí una delegación que debía entrevistarse con el Gran Khan, pero que no encontró más que a un cacique local cuya riqueza no satisfizo las expectativas de los españoles. Dicha embajada sí se llevó una gran sorpresa ya que por primera vez los europeos vieron a los indígenas fumar tabaco.
En esos momentos las desavenencias entre Colón y Martín Alonso Pinzón llegaron a su punto culminante. Y el 21 de noviembre este último decidió separarse de aquél, aprovechando las mejores condiciones marineras de La Pinta en comparación con las de La Santa María. Y comenzaron a buscar cada uno por su cuenta los orígenes de ese oro del que habían encontrado indicios tan abundantes como imprecisos.
Primero Martín Alonso Pinzón, y poco después el propio Colón arribaron a Haití, a la que éste bautizó como La Española. En ella encontraron mayores indicios de oro y algunos caciques con un ceremonial más desarrollado.
Sin embargo, los planes de Colón se vieron profundamente alterados de la noche a la mañana del día de Navidad, por un lamentable accidente. Una falta de atención del piloto de La Santa María propició que la nao encallase y fuese imposible recuperarla. Los expedicionarios pudieron salvar el cargamento y los materiales de la embarcación. No obstante, como en La Niña no había espacio para los tripulantes de la nao, Colón hubo de tomar una importante decisión: fundó la primera colonia en tierras del Nuevo Mundo, el Fuerte de Navidad, donde quedaron 39 hombres al mando de Diego de Arana.

El 4 de enero de 1493, Colón decidió emprender el viaje de regreso. Dos días después se reencontró con La Pinta, y ambos bandos decidieron unirse de nuevo. Y aunque recibieron noticias de la existencia de nuevas islas y de que a diez días de navegación en canoa desde Jamaica había tierra firme, el marino supuestamente genovés persistió en su intención de volver al Viejo Mundo.
El 16 de enero la expedición emprendió la travesía de vuelta. El regreso fue más difícil que la ida, pero Colón demostró sus expertas cualidades marineras al llevar sus barcos al Mar del Te, en busca de los vientos del oeste, cuya existencia quizá conociera durante su estancia en Portugal o, simplemente, según Morrison, descubriese por causalidad: Colón acertó tomando la mejor ruta de vuelta.
El 12 de febrero las carabelas habían alcanzado el suroeste de Las Azores (aunque desconocían su posición). Entonces, les sobrevino una tremenda tormenta, que capearon con grandísima dificultad y que dos días más tarde provocó que se separaran. La situación debió ser tan desesperada que muchos de los tripulantes, temiendo un fatal desenlace, llegaron a realizar votos de peregrinación si lograban salvarse.
El 18 de febrero, La Niña ancló en la isla de Santa María, en las Azores, lo que propició una serie de problemas con las autoridades locales, que apresaron a algunos hombres. Superadas estas adversidades, Colón hubo de enfrentarse de nuevo con seis días de tempestad y acabó llegando el 4 de marzo a las cercanías de la Roca de Cintra, frente a Lisboa, ciudad en la que finalmente se vio obligado a entrar. Allí se entrevistó con Juan II quien, con amenazas y promesas, trató de beneficiarse del descubrimiento. Pero Colón logró superar las presiones del soberano luso, aduciendo su condición de Almirante de Castilla y demostrando que su viaje no había tenido como lugar de destino Guinea, sino que venía del oeste, de las Indias. «Parecía a todos que había ganado la carrera hacia el objetivo tan ambicionado por Portugal».
El 15 de marzo entró en Palos, 32 semanas después de su partida, pocas horas antes de que lo hiciese Martín Alonso Pinzón con La Pinta. El éxito del viaje fue conocido de inmediato a todos los niveles. Colón informó a los Reyes Católicos en Barcelona, a finales de abril. Isabel y Fernando le confirmaron todos los privilegios admitidos en las Capitulaciones de Santa Fe. La noticia del viaje se extendió por toda Europa con la impresión de una carta de Colón que lo resumía, reeditada once veces en pocos meses.

Posteriores viajes de Cristóbal Colón
El segundo viaje de Cristóbal Colón hacia las tierras recién descubiertas tuvo características muy diferentes al anterior. Fue preparado febrilmente, con un importante volumen de recursos de todo tipo, y con la mirada puesta en el rival portugués.
Cuantiosos préstamos fueron solicitados para sufragar los costes de la expedición. Entre los prestamistas destaca un banquero italiano a cuyo servicio trabajaba un hombre: Américo Vespucio.

El organizador de este segundo viaje fue Juan Rodríguez de Fonseca, arcediano de Sevilla. Un acérrimo partidario del autoritarismo regio que acabó enfrentándose con Colón y que, para desgracia de éste, se encargó de dirigir todas las cuestiones relativas al Nuevo Mundo hasta los primeros tiempos del reinado de Carlos I.
Las expectativas originadas por el éxito del primer viaje provocaron un aluvión de solicitudes de candidatos a integrar la tripulación de los distintos barcos integrantes de la flota. La organización decidió limitar el número de expedicionarios a 1.000 hombres, de los cuales 800 habían de ser soldados. No obstante, estas previsiones quedaron finalmente cortas, pues, al parecer, acabaron embarcando más de 1.200 hombres en un total de 17 buques, de los cuales 14 eran carabelas y 3 naos. La flota quedó bajo el mando de Colón y Pero Alonso Niño fue nombrado piloto mayor. Junto a los soldados, también formaron parte de la expedición hidalgos en busca de fortuna, labradores con animales, aperos agrícolas y semillas, artesanos con sus instrumentos, y un grupo de religiosos bajo la dirección de un benedictino de Montserrat.
En suma, la Monarquía Hispánica pretendía iniciar una auténtica colonización. Por ello, los Reyes Católicos le ordenaron a Colón que favoreciese la conversión y el buen trato a los indios, y que promoviese la fundación de una colonia cuyo comercio sería monopolio compartido de ellos y del propio descubridor (siguiendo el modelo portugués de La Mina). Los monarcas concibieron la segunda «empresa de Indias» como un negocio mixto, estatal-colombino, para el rescate de oro y mercancías valiosas reservadas a la Corona. Y para velar por los intereses de la Real Hacienda incluyeron en la expedición a un teniente de los Contadores Mayores y planearon la creación de aduanas en las tierras recién descubiertas y en Cádiz. Asimismo, también ordenaron a Colón que prosiguiese «los descubrimientos más al sur, buscando la tierra firme meridional sin el impedimento de Alcaçovas».
La Armada acabó organizándose, con algunas dificultadas dada su magnitud, en los puertos más importantes del Atlántico andaluz: Sevilla y Cádiz. Finalmente, la expedición partió de esta última ciudad el 25 de septiembre de 1493, y durante un tiempo fue escoltada por la flota de guerra hispánica, a fin de evitar la posibilidad de un ataque portugués. El 13 de octubre el convoy dejó atrás las Canarias y después de 21 días de navegación arribó a la isla que Colón bautizó con el nombre de Deseada.
En este segundo viaje a las Indias, Colón varió ligeramente el rumbo, eligiendo una ruta algo más meridional.

Aunque no se conocen los motivos, los investigadores plantean diferentes hipótesis:
-Que Colón quería aprovechar mejor la fuerza de los alisios.
-Que los Reyes Católicos ya no temían un posible conflicto con la Monarquía portuguesa, amparados por las Bulas Inter caetera otorgadas por Alejandro VI.
-Que Colón buscaba encontrar nuevas islas intuidas en su primer viaje, o quizá arribar a la parte meridional de Cipango, que tenía fama de ser especialmente rica en oro.
Tras llegar a la isla Deseada, la expedición recorrió casi todo el arco de las Antillas Menores hasta Puerto Rico, realizando un trayecto que se convertiría en la ruta habitual de todos los convoyes posteriores. Y el 22 de noviembre llegó a La Española. Allí, los españoles se llevaron una desagradable sorpresa al comprobar que el Fuerte de Navidad había sido arrasado y que toda su guarnición había perecido. Probablemente, las disensiones entre los castellanos y la acción de los indígenas, víctimas de sus desmanes, fueron los dos motivos que propiciaron la destrucción del fuerte y la muerte de sus habitantes.
El 6 de enero de 1494, Colón fundó el primer asentamiento hispánico en el Nuevo Mundo, que fue bautizado como La Isabela, al norte de la actual República Dominicana. Y poco después fundó otros más al interior de la isla, con la intención de controlar a los indígenas que mantenían una actitud hostil.
En este segundo viaje, Colón exploró a fondo las islas del Caribe, bien personalmente, bien mediante el envío de expediciones dirigidas por distintos capitanes. Prestó especial atención por la isla de Cuba, la cual no quiso circunnavegar a fin de mantener la ficción de que había pisado tierra firme. De hecho, obligó a toda la tripulación a firmar un documento jurando que las costas de Cuba eran tierra firme. Además, desde ella, parece que contempló la posibilidad de retornar a España navegando hacia el oeste.
En este segundo periplo por las Indias, aunque llegó a reconocer que La Española no era en absoluto Cipango, Colón siguió mostrando cierto empeño por identificar lugares más o menos míticos o sacados de la obra de Marco Polo. Por ejemplo, identificó la isla de Jamaica con la bíblica Saba -añadiendo que desde ella salieron los Reyes Magos en su viaje a Belén-. Y creyó ver los montes Ofir de Salomón en Haití.
Los investigadores discrepan sobre si Colón llegó a descubrir Sudamérica en esta segunda «empresa de Indias». Algunos autores defienden que llegó a la isla Margarita, aunque ocultó dicho viaje para no tener que dar al fisco regio la parte que le correspondía de un importante botín en perlas. Otra característica fundamental de este primer viaje colonizador es que Colón hubo de enfrentarse a toda una serie de problemas hasta entonces inéditos, relacionados con la oposición de sus propios compañeros de expedición. El descontento fue causado fundamentalmente por cuatro motivos:
-Por las propias dificultades del viaje, sobre todo, para quienes no tenían ninguna experiencia marinera.
-Por las inconveniencias relacionadas con la aclimatación de los castellanos a una tierra tan distinta desde el punto de vista puramente ecológico. La adaptación al suelo americano de las especies mediterráneas -como los cereales o la vid- fracasó y los colonos sufrieron para acostumbrarse a la dieta indígena.
-Por la dureza de los trabajos de construcción de los asentamientos, en los que todos los expedicionarios hubieron de participar, independientemente de sus grados o privilegios.
-Y porque Colón se mostró en todo momento decidido a hacer efectivo el monopolio real, que también obraba en su propio beneficio, impidiendo el enriquecimiento particular y frustrando de tal manera cualquier ilusión de hacer fortuna en las nuevas tierras.
Ante esta situación, el 2 de febrero de 1494 decidió enviar a España una expedición compuesta por 12 barcos, a fin de solicitar auxilio a los Reyes Católicos, y ya entonces tuvo que someter un intento de motín de quienes pretendían apoderarse de los navíos para regresar a Castilla.
Colón quizá albergara la esperanza de que el descontento amainaría con la vuelta de la expedición de socorro. Sin embargo, la realidad fue bien diferente. En la expedición que regresó a España fueron incluidos algunos de los descontentos, y éstos se dedicaron a desprestigiar la labor de gobierno del Almirante ante los monarcas. La expedición de auxilio llegó a las Indias el 24 de junio del mismo 1494, con Bartolomé Colón al frente.

No obstante, el prestigio de Colón fue puesto aún más en entredicho cuando los indígenas de La Española se sublevaron en respuesta a los constantes excesos de los colonos. Reprimida la rebelión, 500 indígenas fueron enviados a España para ser vendidos como esclavos. Los Reyes Católicos prohibieron su comercialización hasta que se determinase la licitud de dicho proceder. Pero en La Española algunos indígenas ya estaban siendo utilizados como esclavos, lo que dio origen al debate sobre el trato que los castellanos debían proporcionar a la población de las tierras recién descubiertas.
Por otra parte, Colón impuso a las tribus indígenas el pago de un tributo en algodón y polvo de oro; una contribución a todas luces excesiva, pues el oro no abundaba y los trabajos de extracción de las arenas y gravas de los ríos era tan agotadores que la población comenzó su declive.
Los socorros enviados a Colón desde la corona hispánica siguieron llegando. No obstante, aunque los Reyes Católicos remarcaron en todo momento el interés misional de la colonización, sea por la incertidumbre de las noticias que tenían sobre el Almirante o porque los beneficios de la empresa no llegaban a compensar el coste de las sucesivas expediciones de auxilio, el caso es que los monarcas dictaron toda una serie de disposiciones que suponían una liberalización de los viajes y del comercio con el Nuevo Mundo, violando claramente los términos de las Capitulaciones de Santa Fe.
Las protestas de Colón hicieron que algunas de las disposiciones citadas fuesen suspendidas, pero movieron, asimismo, a los reyes a enviar al Nuevo Mundo a un comisario real -Juan de Aguado- con la misión de fiscalizar las actuaciones del Almirante y pasar informes sobre la situación del proyecto. Los roces de Colón con Aguado fueron inevitables y llevaron al Almirante a emprender la ruta de retorno a Castilla el 10 de marzo de 1496, llegando a Cádiz el 11 de junio siguiente.
Colón se entrevistó con los Reyes Católicos en Burgos, organizando una exótica puesta en escena. Apareció rodeado de indígenas antillanos, con vistosas aves tropicales y vestido como un fraile franciscano. Fonseca y su grupo, que querían hacerse con el dominio de la «empresa de Indias», criticaron el comportamiento y la gestión de Colón, se quejaron del excesivo gasto y el escaso provecho de la expedición colonizadora y dudaron de la existencia de oro en las tierras descubiertas. Y el Almirante se defendió colocando en primer término la ingente labor misional que cabía realizar entre los indígenas e intentando demostrar las posibilidades económicas de la empresa (afirmando la abundancia de oro, palo brasil e incluso especias).

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