TEXTO ENVIADO POR J.J. BERMEJO, EXTRAIDO DE: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (www.cervantesvirtual.com)
La búsqueda de la tierra firme
Colón logró salir airoso de este primer intento de descalificación y vio confirmados todos sus privilegios en virtud de un documento datado el 23 de abril de 1497. Y por disposición de los monarcas, comenzó a preparar su tercer viaje, con medios más modestos y un objetivo muy claro: encontrar tierra firme.
Sin embargo, la partida se retrasó por los preparativos de las bodas de los hijos de los reyes y otros asuntos que ocupaban su atención y comprometían sus rentas.
Y ello pese a que existían razones que aconsejaban no dilatar la expedición, como por ejemplo, que el 8 de julio de 1497 partió de Lisboa Vasco de Gama con el objetivo de llegar a la India circunnavegando África.
Según diversos investigadores, Colón aprovechó el ínterin para enriquecer su formación erudita, pues se dedicó a buscar argumentos que apoyasen su proyecto en las obras que ya hemos citado de Marco Polo, Eneas Silvius Piccolomini y Petrus Alliacus. El descubridor quiso reforzar sus posiciones ante la aparición de voces disconformes en la corte, que afirmaban que no había arribado al Extremo Oriente -tal como pretendía-, y ni siquiera se había acercado a sus proximidades.
Las discusiones que mantuvieron ante diversos testigos el propio Colón y su amigo, el sacerdote y cronista Andrés Bernáldez, son buena muestra de ello. Bernáldez concluía que las Indias estaban 1.200 leguas más allá de las tierras a las que había llegado, por lo que no podían pertenecer a Asia. En este sentido, en 1495 el profesor de Salamanca Francisco Núñez de la Yerba había publicado una edición de la Corographia de Pomponio Mela, con un prefacio en el que manifestaba su opinión de que la tierra hallada 45º al oeste era llamada «India» de manera abusiva por algunos. Y poco después, Rodrigo de Santaella, fundador de la Universidad de Sevilla, había escrito una introducción a la obra de Marco Polo en la que insistía en que las tierras descubiertas por Colón no eran la India. Otros testimonios similares coexistieron con éstos por aquellas fechas.
Tras muchas vicisitudes, la flota quedó lista para la partida. Colón logró finalmente conseguir tripulación suficiente para el viaje cuando los monarcas promulgaron el perdón para los delincuentes que no hubiesen cometido delitos especialmente graves y quisiesen enrolarse en la expedición.
La expedición se dividió en dos grupos. Dos de las ocho naves que componían la flota partieron para el Nuevo Mundo en febrero de 1498, llevando diferentes pertrechos. Y el resto inició la singladura el 30 de mayo de 1498 desde Sanlúcar de Barrameda. La ruta seguida en esta ocasión fue un tanto extraña. Quizá para burlar a una armada francesa, las naves se dirigieron primero hacia las islas Madeira. De allí pusieron rumbo a las Canarias, donde la flota volvió a dividirse, pues tres carabelas se dirigieron directamente a La Española y Colón con dos carabelas más y una nao marcharon más al sur, hasta las islas Cabo Verde, desde donde partieron hacia el Nuevo Mundo, llegando el 4 de agosto a la altura de la desembocadura del Orinoco.
En un primer momento, al llegar a estas nuevas tierras, Colón pensó que eran islas, pero pronto dedujo que formaban parte de una masa continental porque ninguna isla podía alimentar el caudal de un río como el Orinoco. Sin embargo, otras preocupaciones -y quizá también problemas de salud- marcaron su rumbo en estos momentos y le llevaron a poner proa hacia La Española.
A su llegada, comprobó que su larga ausencia había complicado aún más la situación. Su hermano Bartolomé, como adelantado, tuvo que hacer frente a una sublevación capitaneada por Francisco Roldán; una rebelión que aún coleaba cuando el Almirante llegó y que tuvo que zanjar firmando una humillante capitulación en la que se sometía a las exigencias del cabecilla.
La firma de esta desventajosa concordia abrió un nuevo período en la historia de la conquista y explotación del Nuevo Mundo, pues dio pie al reparto de tierras entre los colonos, les concedió el derecho a utilizar a los indios para realizar trabajos forzados en el laboreo de las tierras y el trabajo en las minas (lo que ha sido considerado como el más directo precedente de la encomienza), y les dio libertad para proceder a la extracción de oro.
Colón tuvo que enfrentarse con otras sublevaciones de menor entidad, las cuales sometió ejecutando a sus cabecillas. Pero ante el progresivo deterioro de su posición, acabó solicitando a los Reyes Católicos el envío de un juez especial (lo que equivalía a reconocer su impotencia para dominar las disidencias).
No obstante, antes de recibir la petición del Almirante, los monarcas ya habían decretado dicha medida; decidieron nombrar juez pesquisidor a Francisco de Bovadilla, comendador de Calatrava, quien todavía tardó algún tiempo en iniciar un viaje que le llevó a Santo Domingo el 24 de agosto de 1500.
A su llegada, Bovadilla destituyó a Colón y a sus hermanos de sus cargos. Confiscó todos los bienes del descubridor y le sometió a proceso sin darle posibilidad de defenderse, acusándole de tiranía y malos tratos contra los colonos. Los Colón llegaron a temer por sus vidas, pero finalmente fueron embarcados hacia Castilla, cargados de grilletes.
Entretanto, Bovadilla accedió a todas las peticiones de los rebeldes: dio plena libertad para buscar oro, vendió tierras e hizo «generosos» repartimientos de indios.
Los Reyes Católicos desautorizaron semejantes medidas y la dureza utilizada contra Colón. Decidieron destituir a Bovadilla, nombrando en su lugar a Nicolás de Ovando. Y aprovecharon la coyuntura para retirarle a Colón la mayor parte de sus prerrogativas. De todas formas, para entonces el marino ya había perdido el monopolio de los descubrimientos, pues en 1499 los monarcas autorizaron distintas expediciones que estudiaremos más adelante bajo el epígrafe de los viajes menores o andaluces.
Un postrer viaje
No parece que Colón desease volver al Nuevo Mundo, sobre todo, porque sus achaques le molestaban cada vez más. Tras la vuelta de su tercer periplo, se dedicó a reivindicar sus derechos ante los reyes y a redactar el Libro de las Profecías, que refleja toda su mentalidad mesiánica.
Sin embargo, quizá los últimos logros portugueses - la llegada de Vasco de Gama a la India y el descubrimiento del Brasil por Cabral- le hicieron cambiar de actitud y le movieron a planificar su cuarta y última travesía del Atlántico, un viaje lleno de incidentes. Colón contó de nuevo con el patrocinio de los monarcas para una empresa cuyo objetivo sería la búsqueda por la zona del istmo de un paso hacia la Tierra de las Especias.
Colón empezó a preparar la expedición en octubre de 1501. Contó con cuato carabelas y unos 140 tripulantes, que salieron de Sevilla el 13 de abril de 1502 y tocaron tierra al otro lado del Atlántico el 15 de junio siguiente. Las instrucciones reales eran explícitas: prohibición de desembarcar en La Española, realizar un viaje rápido de exploración, tomando posesión de las tierras descubiertas, y evitar todo tráfico particular y la captura de esclavos.
Colón viajó por Santo Domingo y el sur de Cuba. Partió hacia el sudeste en busca de lo desconocido y llegó a la isla de Guanaja, en el golfo de Honduras, donde los presagios no pudieron ser mejores. Encontraron una gran canoa de comerciantes, de una cultura mucho más desarrollada que las conocidas hasta entonces. Pero en lugar de dirigirse al norte, lo que le hubiera llevado al Yucatán y México, y le hubiese hecho entrar en contacto con los mayas y los aztecas, Colón siguió al sudeste por las costas de las actuales Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
No encontró el ansiado estrecho y aunque recogió noticias que le hicieron pensar que se encontraba ante un istmo poco amplio que daba paso a otro gran mar, Colón siguió pensando en la proximidad de Asia.
El viaje fue penoso por las frecuentes tormentas. Y más angustioso aún fue el regreso, pues a las tempestades se unió el problema de la perforación del casco de los navíos por un molusco de las aguas tropicales. Pese a la prohibición de los reyes, Colón puso proa hacia Santo Domingo, dado el lamentable estado de las naves, de la tripulación y su propio estado de salud, bastante delicado. No pudo llegar, empero, a La Española y tuvo que improvisar un asentamiento provisional en la bahía de Santa Gloria, en el norte de Jamaica, el 24 de junio. Allí, la situación llegó a ser crítica. Algunos expedicionarios lograron llegar a La Española en canos de indios. Pero, enterado de las penurias de Colón y su expedición, el gobernador Ovando se negó a proporcionarle medios para el regreso. Mientras tanto, Colón tuvo que hacer frente en Jamaica a la creciente hostilidad de los indígenas y a la sublevación de la mitad de sus hombres. Al cabo, el 29 de junio de 1504 los supervivientes lograron abandonar la isla y llegar poco después a La Española, arribando finalmente a Sanlúcar el 7 de noviembre de 1504.
El cuarto y último viaje fue, por lo tanto, el más azaroso de los que emprendió Colón. El incumplimiento de los objetivos, las dificultades del viaje y la propia delicada salud del Almirante explican las amargas palabras contenidas en una carta a su hijo Diego, escrita al poco de llegar:
«He servido a Sus Altezas con más diligencia y amor que los que pudiera haber empleado en ganar el Paraíso; y si en algo fallé fue porque era imposible o estaba más allá de mis conocimientos y poder. Dios Nuestro Señor, en tales casos, no pide a los hombres más que buena voluntad».
Desde ese momento, Colón vivió marginado de cualquier empresa ultramarina.
A modo de balance, cabe plantear cuál fue la aportación realizada por Colón y si se puede considerar como el descubridor de América. No se cuestiona que Colón fue el que estableció el contacto irreversible entre el Viejo y el Nuevo Mundo sino que el tema de discusión es si él llegó a tomar conciencia de que se encontraba ante un nuevo continente o si siempre se aferró a la idea de que había llegado al Extremo Oriente descrito por Marco Polo o, cuando menos, a unas islas situadas en sus proximidades.
Según José Luis Comellas, lo importante es lo que descubrió Colón, no lo que creyó haber descubierto. Si no fuese así, no tendría sentido la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América en 1992. Colón hizo una serie de interesantes observaciones de carácter astronómico a las cuales se les ha prestado una menor atención:
-En cuanto a la estimación de la latitud, Colón cometió graves errores en su primer viaje, impropios de un marino de la época y quizá atribuibles al hecho de que no utilizase correctamente el tosco instrumental disponible. No obstante, en los posteriores viajes fue afinando mucho sus cálculos, observando la digresión de la Polar, por lo que Colón acertó con una precisión que no sería superada por marino alguno hasta la invención del sextante.
-Menos fortuna tuvo Colón a la hora de estimar las longitudes por fenómenos naturales sincrónicos. En dos ocasiones lo intentó a través de sendos eclipses de luna, pero los resultados fueron muy erróneos, aunque menos de lo que en ocasiones se le achaca.
-Asimismo, en su primer viaje, Colón descubrió la declinación magnética, aunque entonces no llegó a tener una clara conciencia de su variación en función de la longitud geográfica. No obstante, en el regreso de su segundo viaje, en mayo de 1496, sí tomó cumplida cuenta de esta variación, de manera que pudo saber aproximadamente dónde estaba comparando simplemente la dirección de la estrella y la de la aguja magnética.
-Realizó importantes observaciones sobre vientos y mareas. Fue el primero en describir las calmas tropicales y los ciclones, y observó las diferencias de las mareas respecto a Europa.
Colón vivió sus últimos días en una situación precaria, hasta que murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506.
BIOGRAFIAS: Cristóbal Colón. ( 6 y Ultima Parte)
miércoles, 3 de septiembre de 2008Publicado por jepane en 6:23
Etiquetas: BIOGRAFIAS
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